El progreso del verde urbano

Texto: ANTONI FALCÓN I VERNIS

Los nuevos jardines, los nuevos parques y las nuevas calles arboladas se han incorporado a la vida cotidiana con tanta normalidad que casi han pasado desapercibidos para el ciudadano de a pie Pero lo cierto es que el verde urbano de Barcelona se ha duplicado en los últimos veinte años. Antoni Falcón, director-gerente de Parques y Jardines, hace un repaso del camino que nos ha conducido hasta esta realidad tan poco valorada a pesar de su importancia.

En 1981, Parques y Jardines de Barcelona, en aquel entonces un departamento municipal, empezó a confeccionar un censo de los espacios verdes de la ciudad, que culminaría el año siguiente. El hecho de que a esas alturas aún no se contara con un instrumento tan elemental responde a dos factores: por una parte, el mantenimiento de las zonas verdes se hacía con poco control sobre estos espacios y, por otra, la lista de los parques urbanos -y también de plazas y árboles- era más bien exigua. No es ningún secreto que la ciudad creció sin tener en cuenta el verde. Y, en efecto, durante el boom desarrollista, Barcelona multiplicó su población y su superficie construida (por no hablar de la densidad), pero sólo creó seis parques urbanos, ¡tres de los cuales son jardines situados en Montjuïc!

Ante esta situación, la democracia tuvo que plantearse seriamente el tema del reequilibrio entre cemento y verde. Entre otras cosas porque los ciudadanos estaban reivindicando, pancarta en mano, cualquier espacio libre o por liberar, para ganar en muchos casos la primera zona verde del barrio. Aunque también es cierto que la lista de prioridades, en aquella ciudad desguazada por el franquismo, incluía toda clase de equipamientos y de dignificaciones pendientes: la periferia, periferia real, era todo lo que no era centro, todo lo que no eran barrios residenciales asentados. Los espacios verdes no eran, por tanto, un elemento singularizado dentro de la vasta operación de dignificar la periferia -de urbanizarla-, sino que era un factor más, como lo eran el transporte, el mercado, la escuela, la biblioteca, el centro cívico, las aceras… Así pues, los nuevos parques urbanos fueron incluidos en la planificación global emanada de los servicios de urbanismo del Ayuntamiento.

Hay que señalar que la valoración de la importancia de los parques urbanos en la calidad de vida y en la capacidad de relación de los ciudadanos se había incrementado en aquellos años. No es que el concepto fuera nuevo -una de las primeras manifestaciones barcelonesas de esta idea aparece en la memoria que Josep Fontserè realizó para el proyecto del Parc de la Ciutadella, en 1872-, sino que comenzó a hacerse popular la idea de que el ocio urbano es algo cotidiano y que está directamente relacionado con unos espacios adecuados para ejercerlo. No es casual que en 1983 se celebre en Barcelona el congreso anual de la IFPRA -entidad internacional que agrupa a los responsables de los espacios verdes públicos- y que el tema elegido para los debates sea precisamente “El ocio activo en los parques y jardines urbanos”. Ese mismo año se inauguró en la ciudad el primer parque creado de la nada por el Ayuntamiento democrático, el de Joan Miró, en los terrenos del antiguo matadero.

El nudo viario de la Trinitat tiene adosado un parque.”Espléndido y contradictorio”, según el autor del artículo

Este parque es paradigmático de la década de los ochenta por muchas razones: porque reaprovecha un solar vacante y porque los vecinos estuvieron protegiendo, exigentes y vigilantes, la promesa de un parque que no se acababan de creer. Porque es un parque diseñado por un equipo de arquitectos, cuyo diseño fue criticado enseguida por su frialdad y dureza, antes de que, con el paso de los años, la vegetación se impusiese con más presencia y esponjosidad. Porque es un parque diseñado con la lista de equipamientos y florituras que incluye: una biblioteca, pistas de toda clase de deportes, una plaza-ágora para actividades de los vecinos, juegos infantiles para diferentes edades, escultura, un elemento acuático, pérgola… donde la naturaleza tiene un papel secundario, de complemento. Y porque su nivel de actividad -el número de usuarios- se ha ido multiplicando con el tiempo: estos parques concebidos para ser el núcleo de una nueva centralidad vecinal no siempre son lo suficientemente céntricos como para cumplir con esta función sin una etapa previa de habituación, de formalización de nuevas rutinas por parte de los vecinos (es decir, la gente tiene que incorporar el nuevo parque a los hábitos cotidianos o semanales, lo que significa cambiar los hábitos preexistentes, que no es algo automático).

Al Parc de Joan Miró le siguieron rápidamente el de Can Sabaté, dentro de una enorme manzana de pisos en la Zona Franca, y el de la Espanya Industrial, que tal vez sea el que representa mejor el concepto de espectáculo arquitectónico por encima de la naturaleza, o sea, de la vegetación, que acaba siendo funcional y convencional a la vez.

Esto se plasma también en el parque de la Pegaso, o el del Clot -de nuevo, relativamente próximos-, construidos sobre estructuras industriales obsoletas. Y es que no se trataba tanto de planificar como de inflar un censo de verde que era escandalosamente deficitario, y hacerlo con vocación de reequilibrio, dentro de lo que permitía la realidad. Un reequilibrio que iba más allá del clásico verde-cemento, porque estos parques recién nacidos tenían (tienen) la función de asentar una identidad de barrio y, a la vez, de plasmar la memoria colectiva: tienen una función simbólica. Por esta razón, la Pegaso rinde homenaje a la fábrica de las luchas míticas y el Clot conserva y subraya el testimonio de los arcos de los antiguos talleres de la Renfe. Son parques creados para servir de escenario múltiple y polifacético: de ocio, de encuentro, de socialización, de participación, de deporte, de juego, de cortejo… El contacto puro con la naturaleza es un elemento secundario. Son por definición parques urbanos, a veces demasiado urbanos.

A partir de la inauguración fundacional del parque de Joan Miró, y hasta 1992, tienen lugar los estrenos de nuevos parques con una secuencia admirable: dos o tres por año, en todos los distritos, hasta sumar veinte en un periodo de ocho años. Es obvio que en la gran operación de regeneración de Barcelona, el verde tiene un protagonismo importante, hasta el punto de que cada una de las grandes infraestructuras olímpicas tiene adosado su parque, su espacio público verde, incluso en obras tan asépticas y monumentales como los nudos viarios de la Trinitat (con un espléndido y contradictorio parque) o el de Glòries. Y no hay que olvidar el bellísimo espacio de la Estació del Nord, uno de los más logrados de esta etapa, que, al mismo tiempo, recuperaba para uso olímpico la depauperada instalación, adosándole una llanura verde sembrada con las magníficas esculturas de Beverly Peppers, aunque en el proyecto inicial escasearan los árboles. No es en absoluto casual que la Vila Olímpica reserve, ya desde su concepción, una franja verde -una secuencia lineal de parques y espacios ajardinados- que hace de frontera con el mar. El descubrimiento de la playa corre paralelo al descubrimiento del verde. Tratándose de Barcelona, es una revolución conceptual.

REFLEXIÓN HACIA LA SOSTENIBILIDAD

Después de los Juegos Olímpicos, con 828 nuevas hectáreas de verde -que se dice pronto- ya bien digeridas, era el momento de pararse a reflexionar. De las 364 hectáreas añadidas desde 1983, no todas pertenecen a parques urbanos: de hecho toda la ciudad se ha ido salpicando de verde en los rincones, en los intersticios viarios y en los espacios residuales. Antiguos aparcamientos improvisados por los vecinos en solares deshabitados ya son jardines cercanos y simpáticos. Mejor aún: queridos por sus usuarios. La gente ha evolucionado al mismo ritmo que la ciudad y, si años atrás preferían el espacio vacío para dejar el coche, a partir del reverdecimiento de la ciudad, el orgullo de cada barrio es, en la mayoría de los casos, tener su jardincito de estreno, su parque de diseño, sus árboles en la calle (porque de forma paralela e incesantemente se han plantado 56.393 árboles viarios).

El año 1993 significó el inicio de un denso proceso de reflexión. Más allá de las necesidades urbanísticas, sociales o estéticas, Barce-lona comenzó a plantearse en aquel momento lo que se definió internacionalmente como “jardinería diferenciada”, expresión técnica que significa jardinería urbana sostenible, ecológica o simplemente racional. Éste es un proceso paralelo al de otras ciudades europeas: ¿cómo adecuar la naturaleza a la vida urbana, que, en tantos aspectos, resulta artificial y agresiva para la vegetación? En el caso de Barcelona, se trataba de partir de una realidad ambiental (el clima mediterráneo, muy exigente) y una realidad sociológica (nuestros parques son pequeños, urbanos e hiperutilizados) para establecer un diseño global que se adecuase a esta doble realidad y que, además, consiguiese extraer de la naturaleza su máximo potencial como regulador ambiental. En otras palabras: lograr incidir ambientalmente a través de un verde más adaptado a las características propias de Barcelona.

Fue necesario volver a partir de cero, desde la mera catalogación de todos los espacios verdes, grandes y pequeños, en cuatro categorías según el tipo de mantenimiento que les corresponde: parques y jardines históricos, parques urbanos y plazas, parques y espacios forestales y arbolado viario. Y, a partir de aquí, establecer una nueva rutina de trabajo, basada en un mantenimiento más suave -para permitir que la naturaleza se parezca más a la naturaleza- y en otros elementos, que también se tuvieron que construir: un catálogo exhaustivo de plantas mediterráneas, o de características similares, para potenciar su utilización. Se requería una estrategia correcta de ahorro de agua, a partir de la utilización de las aguas freáticas y de un mejor aprovechamiento del agua de riego, gracias a la innovación tecnológica y la automatización. Y, sobre todo, la paulatina adaptación de nuestro patrimonio verde a las nuevas reglas de la jardinería ecológica; un diseño de espacios verdes con más presencia de arbustos, con más árboles, con plantas tapizantes en lugar del omnipresente césped… En definitiva, espacios verdes más mediterráneos, pero también más rústicos y gratificantes.

Aunque esta transformación es tan sutil y tan gradual que el ciudadano de a pie no la advierte, sí que representa una ruptura conceptual y estética con la jardinería tradicional y éste es el aspecto que requiere explicación. En la década de los noventa se hace hincapié en la comunicación con los ciudadanos, con un esfuerzo continuado de pedagogía simple: la naturaleza es un elemento vivo, que no hay que violentar en exceso, entre otras cosas porque cuanto más nos alejamos de lo que la naturaleza necesita, más caro resulta su mantenimiento.

El hecho de reflexionar sobre el valor ecológico de la naturaleza en la ciudad implica dos consecuencias directas. Una, que Barcelona empieza a ser escuchada en los ámbitos internacionales; dicho en pocas palabras, también hay un modelo Barcelona exportable para el verde. Otra, que el verde cobra un protagonismo central que en la época de la gran transformación urbanística no tenía, que no tenía conceptualmente. Entre 1993 y 1995 se hizo claramente hincapié en las restauraciones de espacios de diferente índole, como el parque forestal de la Oreneta (afectado en parte por las obras de la Ronda de Dalt), el valiosísimo parque del Laberint d’Horta o, ya como recuperación de un jardín privado prácticamente devastado, la apertura de La Tamarita como espacio público.

La restauración del Laberint fue financiada en parte por la Unión Europea en el marco del año dedicado a la recuperación y conservación de los jardines históricos. Y el Laberint volvió a abrir sus puertas en 1994, minuciosamente reconstruido, con el cobro simbólico de una entrada. Se trataba de ponerlo a la altura de los otros jardines de similar valor que se encuentran en numerosos lugares, protegidos también con unas normas de uso estrictas y con el recordatorio -el tiquet de entrada- de que el espacio no es un parque cualquiera, convencional, sino un itinerario de conocimiento y contemplación y placer estético. 1994 fue el año del inicio del Catàleg d’Arbres d’Interès Local, que protege aquellos ejemplares más destacados. De nuevo pedagogía: la naturaleza es un bien que debe conservarse, ya que es parte del patrimonio de la ciudad, como también lo son los monumentos y edificios singulares.

LOS PARQUES MEDITERRÁNEOS,

EL PAISAJE RURAL

Una vez asentado el proceso conceptual de la jardinería ecológica, empiezan a nacer jardines urbanos que ya han sido diseñados en el marco de los nuevos criterios. En 1995 se inauguró el Bosquet dels Encants, un espacio exterior al anillo viario de Glòries. Un triángulo vacío, urbanísticamente desordenado, ve nacer un espacio de desniveles, surcado por caminos rústicos y placitas con sombra, todo cubierto por una densa vegetación autóctona. La concepción mediterránea de los nuevos espacios verdes, como fragmentos ruralizados en el paisaje ciudadano, se abrió paso en la sensibilidad de los barceloneses, que descubrieron la inagotable riqueza de la vegetación autóctona. El Mirador del Poble Sec, en un extremo de la montaña de Montjuïc, formalizó un espacio forestal en el que antes había un descampado yermo, con el que se recuperó la fachada proyectada (pero no acabada) por Forestier. En estos diseños específicos se encuentra la voluntad de conectar con la memoria rural de la ciudad, con el paisaje primigenio que generaciones anteriores encontraban en sus salidas al campo, en las excursiones populares. El verde barcelonés es mediterráneo por adscripción geográfica, pero también lo es por esta presencia íntima en la memoria de los ciudadanos, porque está en las raíces de la ciudad.

El Parque de L’Estació del Nord  © Maria Birulés

La reflexión sobre la jardinería sostenible que, a partir de 1994, empezó a evidenciarse en los datos estadísticos del descenso del consumo de agua o del menor coste de mantenimiento por hectárea, culminó en la redacción del Plan Estratégico de los Espacios Verdes de Barcelona, un compendio exhaustivo de las estrategias de conservación, protección, planificación y realización del verde de la ciudad para un periodo de diez años. Se elaboró un plan experimental para aprovechar las aguas freáticas que se infiltran en los túneles del metro -Barcelona está atravesada por torrentes subterráneos, interceptados por las líneas del metro- y que eran bombeadas y devueltas al alcantarillado. Con una inversión mínima en infraestructuras esta agua se utiliza ahora para regar una gran extensión del verde de la Vila Olímpica.

La ciudad se dulcificó con la aparición de numerosos jardines de bolsillo, espacios verdes de proximidad, bien equipados, diseñados con cuidado, repartidos por la trama urbana y que proporcionan a los vecinos un rincón de recreo a pocos minutos de casa. Los jardines de barrio llevaron el verde a todas partes, cambiando la fisonomía del paisaje ciudadano y enseñando a los barceloneses a disfrutar de la naturaleza y a mimarla. Esta intrusión del verde en la vida cotidiana se vio reforzada por las políticas anuales de plantación de árboles, que llevaron esta presencia amiga a gran cantidad de calles, rincones e isletas de la vía pública que carecían de ellos. Las plantaciones buscaban, y siguen buscando, equilibrar, con una selección imaginativa de especies, la hasta entonces aplastante mayoría de plátanos, una especie tradicional que no es apta para vivir en calles donde no puede desarrollarse plenamente. Una línea de investigación permitió establecer la idoneidad de otras especies que aportan la sorpresa de la floración, de colores o texturas y que son una nueva riqueza en el paisaje vegetal de la ciudad. Así pues, al cabo de los años, Barcelona ha alcanzado la cifra de 150.000 árboles viarios, un índice que nos sitúa entre las ciudades más arboladas de Europa.

EL DIÁLOGO CON LOS CIUDADANOS

Todo este esfuerzo llegó a su madurez en 1996, cuando se inició un proceso para acercar aún más el verde a los ciudadanos a través del despliegue territorial del personal de Parques y Jardines, con el fin de que la gestión de los espacios verdes se hiciera de modo más directo y más en contacto con los usuarios. Una profunda reforma interior, llevada a cabo en un periodo de tres años, permitió situar a los conservadores y responsables territoriales sobre el terreno, y este tipo de gestión se reveló como fuente privilegiada para conocer las expectativas de los usuarios, para contrastar opiniones, resolver pequeños problemas y encontrar soluciones.

Iniciativas como la celebración de conciertos de música clásica en los parques durante las noches de verano se han convertido en una cita obligada, al tiempo que ponen en evidencia el hecho de que un parque urbano es un espacio que ofrece muchas posibilidades de disfrute, incluso culturales. En los últimos años, Parques y Jardines han multiplicado la obtención de recursos propios, que puede reinvertir en la mejora del verde sin que las aportaciones del Ayuntamiento crezcan de forma proporcional al incremento real de las hectáreas verdes que se deben mantener. Gran parte de estos recursos provienen de servicios ofrecidos a terceros -cursos de capacitación para profesionales, trabajos de mantenimiento contratados, diseño de espacios verdes, asesoramiento.

NUEVOS RETOS DE FUTURO

El verde de Barcelona llega al siglo XXI integrado al reto global de la ciudad para la sostenibilidad. Así apareció el concepto de corredores verdes, líneas continuas de verde que unen entre sí los diferentes espacios verdes y éstos con la masa forestal periurbana de Colearla y, en el futuro, con los cauces revigorizados de ambos ríos. Los corredores permiten la continuidad del verde y ayudan a permeabilizar una ciudad de construcción densa. Algunos ya existen prefigurados -sobre todo en los límites de la ciudad- y otros están en fase de planificación o, incluso, de realización, sumando recortes, espesando la vegetación de las calles arboladas, acondicionando nuevos rincones. Los pasillos tienen una importancia fundamental para la pequeña fauna, que, a pesar de todas las dificultades, sobrevive en Barcelona, en particular la gran variedad de pájaros que los convierten en hábitat. Al mismo tiempo, muchos de estos pájaros contribuyen a eliminar los insectos que propagan plagas y enfermedades, convirtiéndose así en un factor de protección de los árboles que los acogen -y limitan también el uso de plaguicidas químicos, que ya han sido reemplazados por productos que no dañan la naturaleza.

Pero los espacios verdes son, sobre todo, una oferta de calidad de vida. Ahora es el momento de que la ciudad, que cuenta ya con sesenta parques urbanos, con una multitud de jardines de barrio -algunos plenamente consistentes como los de Rosa Luxemburg, Can Miralletes o los jardines de la Costa- y unas plazas arboladas con más vegetación arbustiva y mejor oferta de equipamiento, se plantee el objetivo de que cada ciudadano pueda disfrutar de un parque a cinco minutos de su casa. Lo que hace veinte años podía parecer una utopía, hoy es una meta realizable a corto plazo, si se aplica imaginación y se cuenta con el dinamismo, iniciativa y colaboración de los distritos y el reaprovechamiento de espacios residuales. Los patios interiores de las manzanas del Eixample, por ejemplo, tienen que volver a brindar un servicio a los vecinos.

Barcelona ha descubierto su identidad verde. A los ciudadanos les cuesta recordar la ciudad cerrada y gris de 1980, carente de parques, donde existían zonas en las que se podía caminar durante un buen rato sin percibir una brizna de verde, un árbol o un espacio en el que adolescentes y ancianos jugaran y se relajaran al sol. En cierto modo, Barcelona ha recuperado su identidad mediterránea a través del verde. El patrimonio natural de la ciudad se ha enriquecido cualitativa y cuantitativamente. Actualmente, la ciudad puede presumir de su sistema verde: un verde mediterráneo sostenible, útil para las personas, estéticamente innovador, urbanísticamente equilibrado, resistente a un uso muy intenso y de fácil mantenimiento. Y con el árbol como uno de sus principales protagonistas.

CRONOLOGIA

1981

El Servicio Municipal de Parques y Jardines asume la conservación de las zonas verdes que, hasta entonces, se hacía de forma externa mediante contratos. Se empieza a elaborar un censo de los espacios verdes existentes.

Se elabora un plan de cuatro años de duración para plantar 10.000 árboles por año, en el que se incluyen todas las aceras de más de 2,40 m de anchura.

Se construye la plaza Gaudí, delante de la Sagrada Família, según el proyecto póstumo de Nicolau M. Rubió i Tudurí.

1982

Se restauran los Jardins de Costa i Llobera.

Tiene lugar la remodelación de los Jardins de les Infantes.

Se completa el censo de zonas verdes y se inicia el del arbolado viario.

1983

Se celebra en Barcelona el Congreso Internacional de la IFPRA, con el tema El ocio activo en los parques y jardines urbanos.

Parc de Joan Miró.

Se edita el álbum de cromos Arbres de Barcelona.

1984

Parc de Can Sabaté.

La Unesco declara el Parc Güell Patrimonio de la Humanidad, junto con otras obras de Gaudí.

1985

Se edita la Guia del Parc de la Ciutadella.

Se reconoce oficialmente el título de FP de 2º grado de la Escola de Jardineria Rubió i Tudurí.

Parc de l’Espanya Industrial.

Se inicia la primera fase del Parc de Sant Martí (se terminará en 1992).

Se lleva a cabo la ampliación del Vivero Municipal de Tres Pins (abierto al público visitante a partir de 1993).

1986

Aparece la Guia del Parc Güell.

Jardins de Vil.la Cecília.

Parc de la Pegaso.

Parc del Clot.

Se celebra la primera Fiesta de la Primavera.

1987

Parc de la Creueta del Coll.

Se publica la Guia del Parc del Laberint d’Horta.

Se instala el primer belén con plantas vivas en la plaza Sant Jaume.

1988

Se instalan los primeros pipí-can.

Parc de les Corts.

Parc de la Estació del Nord.

1989

Se publica la Guia dels Jardins del Palau de Pedralbes.

Jardins de Can Castelló.

1990

Se inician las actividades lúdicas en las playas de Barcelona.

1991

Jardins de ca n’Altimira.

Parc del Pla de Fornells.

1992

Se adopta la Norma Granada, sistema que permite valorar el coste económico de la destrucción o vulneración de cualquier árbol en la ciudad.

Parques y Jardines realiza la ornamentación olímpica y paralímpica de todas las sedes y subsedes deportivas.

Se celebra en Barcelona el XIX Congreso Nacional de Parques y Jardines Públicos, en el que se analiza la función urbana y social de los parques y espacios verdes.

Se edita la Guia de Parcs i Jardins de Barcelona.

Aparece el número 0 de la revista Barcelona Verda.

Parc de Sant Pau del Camp.

Parc de les Glòries.

Parc de la Vall d’Hebron.

Se inaugura el cinturón de parques en la Vila Olímpica: Parc de Carles I, Parc de les Cascades, Parc del Port Olímpic, Parc de la Nova Icària y Parc del Poblenou.

Parc del Migdia.

Se inicia el programa educativo “Joven jardinero”.

Tiene lugar la primera edición de la campaña de Navidad con árboles alternativos.

1993

Se empiezan a implantar estrategias para conseguir una jardinería urbana sostenible: clasificación de los espacios verdes en cuatro categorías de mantenimiento, adecuación de la vegetación al clima mediterráneo, incremento de la biomasa y la biodiversidad y ahorro de los recursos naturales.

1994

Se restauran los Jardins del Laberint d’Horta y se reabren dentro de la categoría de jardín-museo gracias a la ayuda económica de la Unión Europea.

Se restauran y se abren al público los Jardins de La Tamarita.

La revista Barcelona Verda aparece con un nuevo diseño y con más páginas.

Parc de Josep M. Serra Martí en Canyelles.

Se presenta la exposición itinerante Parcs i jardins als districtes.

Se pone en marcha el programa “Informadores en los parques”.

Se inicia el programa de actividades “Vive la playa todo el año”.

1995

El Parc del Bosquet dels Encants es el primer parque diseñado íntegramente con criterios de sostenibilidad.

Queda inaugurado el Centre Experimental de Can Cadena, dedicado a la jardinería ecológica y a la agricultura biológica, con tareas pedagógicas y didácticas.

Se aprueba un proyecto de aprovechamiento de las aguas freáticas bombeadas de los túneles del metro, que entrará en funcionamiento en 1998 con el riego de las zonas verdes de la Vila Olímpica.

Mirador del Poble Sec.

Primera fase del Parc de Font Florida.

Finaliza la restauración del Parc de l’Oreneta.

Jardins Príncep de Girona.

Se reconstruyen los Jardins de Can Sentmenat y se abren al público.

Se abren al público los Jardins de la Universitat.

Se restaura el Hivernacle de la Ciutadella y entra en funcionamiento como centro de exposiciones y aula de ecología.

Se publica La conquesta del verd. Els parcs i jardins de Barcelona, obra de Patricia Gabancho y Ferran Freixa.

Se elabora el Plan Estratégico de los Espacios Verdes de Barcelona, con la planificación de los objetivos a diez años vista, con especial acento en la sostenibilidad.

Se inicia el ciclo de conciertos estivales “Clásica en los parques”, complementado con conciertos de jazz.

Barcelona Verda se convierte en una publicación bimestral.

1996

Los conservadores se despliegan por los parques de la ciudad, con el objetivo de establecer una gestión sobre el terreno de los principales espacios verdes.

Se firma la Carta de Barcelona en defensa de los derechos del árbol en la ciudad.

Se abren al público los Jardins de la Maternidad.

1997

Se completa el despliegue de los conservadores, a los que se suman los responsables territoriales para las zonas verdes que no son parques urbanos y, por tanto, se da cobertura a todos los espacios de Barcelona.

Jardí de les Tres Xemeneies.

1998

Se elabora el Plan de Gestión del Arbolado Viario del Eixample, con el estudio de cada ejemplar, su estado de salud y la propuesta global de mantenimiento en el futuro.

Se pone en funcionamiento la masía experimental Can Mestres.

Se catalogan doce jardines particulares, con los que se inaugura el Catàleg d’Espais Verds Singulars, con vistas a su conservación.

Se publica la nueva Guia del Parc Güell.

Jardins de Can Miralletes.

1999

Se publica la nueva Guia del Parc del Laberint d’Horta.

Jardins de Rosa Luxemburg y Jardins de La Costa.

Se restauran y se abren al público los Jardins de Les Heures.

Se inicia la campaña anual divulgativa “Hagamos compost en el parque” para fomentar el reciclaje de materia orgánica.

Se riega todo el arbolado viario de Barcelona con aguas del subsuelo.

Se edita el libro divulgativo Arbres de Barcelona.

Tiene lugar la primera experiencia de “Huertos urbanos”, con la participación de jubilados que cuidan las parcelas cedidas en Can Mestres.

Por su interés en la evolución de los parques y Jardines de Barcelona he creído de interés insertar en el blog este artículo de Antoni Falcón i Vernis, entonces Director Gerente del Instituto de Parques y Jardines de Barcelona.