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Sevilla,.Escuela de Jardineria Joaquin Romero Murube

 

El jardinero /a es uno de los elementos básicos del arte de los jardines, mucho más que un albañil lo es  del arte  o como de la construcción, que algunos denominan arquitectura.El jardinero/a debe estar dotado además de unos conocimientos técnicos impecables, de una sensibilidad humilde y profunda que le dé un gusto simple y natural que lo haga apto para tratar las plantas amigablemente con franqueza, extraer jardineros/as de la digna clase de los peones, sin otro estimulo que el del aumento de sueldo y sin otros conocimientos que la chapucera experiencia de barrer o remover cuatro plantas, no nos puede dar verdaderos jardineros/as, el jardinero/a se hace poco a poco, crece en su arte como el árbol noble. Lento y tranquilamente. Cuando la profesión de jardinero/a se empobrece en número y calidad de sus hombres y mujeres, no es bueno devolverles la fuerza incorporando peonaje a doquier, porque el jardinero/a improvisador es un concepto difícil de traducir en la práctica.

A principios del siglo XX  y finales del pasado había un contingente notable de buenos jardineros presididos por figuras como el maestro Oliva, los Aldrufeu, Casas, Bordas……etc…en Cataluña o la familia Sabadell en Castilla y León, Cecilio Rodríguez y Ramón Ortiz, los Palla y Martin, Bourguiñon….. en Madrid ,los Marcos en Oviedo y Gigolos Peris, Galán, Buso, Julio Broseta, Feliu….en Valencia, los Winthuysen, Garrido, Hnos. Romero, Benedicto Luque ,Pedro Martin, Buitrago Juan Arimón ….solo por citar algunos en Sevilla, los Leyva en Granada,  si el arte de los jardines no fue excelente en sus resultados ,no lo fue por falta de jardineros.

Nuestros jardineros tuvieron renombre en toda España, diversificados en los cuatro puntos cardinales de la península, Aquel periodo paso, llego la decadencia, se rompió la cadena del aprendizaje de la jardinería, los viejos se fueron muriendo y lo que es peor los que podían sucederles cambiando de oficio, el escaso amor de los propietarios hacia el jardín hizo que estos fueran mal pagados, como el jardín no era amado por el propietario, este opinaba ( y muchos lo creen todavía ) que un jornal de peón era suficiente para sustituir al jardinero. El resultado fue el lógico; los mejores jardineros desertaron del oficio y sobre todo desviaron a sus hijos0 de una profesión que venía siendo escarnecida y agónica. Quedaron los heroicos, los excepcionales… es decir muy pocos.

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Sevilla.-Parque de Maria Luisa

Si de alguna cosa tuvo que admirarse Forestier y Rubio del trabajo enorme y rapidísimo de jardinería que realizaron en Sevilla y Barcelona a principios de siglo fue de haberlo visto hacer con una especie de ejército que, admitiendo que tuviera un general mediocre ( mejor sería decir malo ) y unos buenos y abnegados comandantes de división, estaba del todo privado de oficiales y de cuadros subalternos de mando. Peones convertidos en capataces, payeses salidos del huerto ( convertidos en cultivadores de plantas finas),que extraño cuerpo inorgánico, a pesar de su apariencia exterior organizada y metódica. En el fondo fue una cruzada, pero no conviene confiarse en los milagros, expresaba Rubio.

Conviene sin embargo que pongamos el hilo en la aguja con el fin de rehacer nuestro oficio de jardinero/a, el prestigio que todavía tiene la jardinería en toda España no debe de abandonarse a merced de la corriente que lo lleva hacia la muerte

Si hemos de recoger este prestigio, rehacerlo y continuarlo, hemos de tomar rápidas disposiciones para provocar un retorno de los jóvenes hacia el oficio de jardinero/a.

El Ayuntamiento de Barcelona hizo pruebas en este sentido, pero hasta entonces su pobre amplitud no permitió apreciar sus frutos. En la Escuela de Artes y Oficios no se entendió que los discípulos tuvieran que ser aprendices jardineros, sino que apuntaban más arriba el título al que aspiraban era el de Director de jardines. Algunas tentativas que se hicieron para interesar a los obreros a la jardinería no dieron resultados, de hecho este resultado no puede ser más que obtenido por una entidad que pudiera dar trabajo remunerado a los muchachos, mientras fueran aprendices y que después se les ofreciera cierta garantía de que el esfuerzo del aprendizaje fuera apreciado y  que al menos los mejores aprendices, pudieran encontrar como jardineros una situación estable y relativamente bien retribuida.

Sobre esta base una Escuela de Aprendices Jardineros sería factible y muy útil, era el Ayuntamiento el que podría mantener los aprendices durante sus prácticas, haciéndolos trabajar en viveros y jardines municipales, pudiendo escoger más  tarde, sus propios jardineros entre los aprendices más aptos.

Parece que tres o cuatro años de aprendizaje durante los cuales las practicas continuadas fueran sostenidas por explicaciones teóricas sobre Botánica, Física elemental, nociones de Química, y unos apuntes de Francés, dibujo, diseño, geometría y un poco  más serían suficientes para poner en buen camino los chicos aprendices. Después la ayuda municipal o su actividad privada en establecimientos importantes de horticultura y las empresas de  jardines les corresponde una gran parte del trabajo de preparación de los aprendices y estos establecimientos encontraran un resultado económico cuando los jardineros repartidos lejos de sus casas recuerden que es aquí donde pueden adquirir las plantas que necesiten y el propietario, pagándolos mejor, y pensando que un mal jardinero en el jardín, da tanto desprestigio al propietario y tiene que avergonzarse  tan seriamente  delante de sus amigos ,como el soportar en la cocina y en la mesa, los tristes fallos  de un cocinero indigno de este nombre.

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Escuela de Jardineria.-Luis Carlos Cia

 

Han pasado muchos años desde que Nicolau Mª Rubió expusiera esta ideas en la Revista Mirador el 5 de diciembre de 1929.Él crea en el Ayuntamiento de Barcelona siendo Director de Parques y Jardines, la Escuela de Aprendices que hoy lleva su nombre .Varías generaciones d alumnos salidos de esta escuela están diseminados por toda la geografía española unos como afamados horticultores, otros como empresarios constructores de jardines o en la propia Administración pública, su semilla dio fruto a una nueva generación de chicos que sensibilizados por los profesores de la Escuela han dedicado su vida al noble y bello arte de la jardinería.

De estas primeras generaciones de jardineros/as, fue alumno D. Juan  Pañella  Bonastre, quien ligo desde entonces su actividad profesional a Parques y Jardines del Ayuntamiento de Barcelona, él fue el que incito a D. Luis Riudor, Director de Parques en aquel entonces a abrir de nuevo la Escuela después de la guerra Civil, con distintos programas de estudios, experimentados y  desarrollados a lo largo de los años, otorgando títulos de  Formación Profesional de segundo Grado y después los de Técnicos/as  especialistas en jardinería.

Vimos con gran satisfacción que en otras importantes ciudades se han creado escuelas de jardinería Valencia ,Zaragoza, Córdoba, en Sevilla  después de quince años funcionando se ha cerrado, esperando se habrá cuanto antes, para formar profesionalmente a muchachos que se inician vocacionalmente hacia el mundo de las plantas ,los jardines y el medio ambiente.

SIN BUENOS JARDINEROS/AS, NO TENDREMOS NUNCA BUENOS JARDINES